I
Jornada
Atardece en tu cuerpo…
Mujer poblada de mujeres y de niños,
mujer de hombres ebrios que partieron
hartos de tus extensas palabras calurosas
y de tu piel que nunca alivia el hambre.
Atardece en tu cuerpo…
Y una parvada de uñas
se posa en tus senos:
pichones pardos y ruidosos
que corroen tus aureolas.
Atardece en tu cuerpo…
Y va y viene mi lengua lentamente,
guiada por tus dedos,
como un buey dócil
que trabaja entre tus piernas.
II
Temor
Anochece…
Y sobre mis palmas quietas
agonizan insectos
calcinados en tus ojos.
Más allá de tu espalda,
donde la oscuridad es plena,
ya no se oyen tus sonrisas.
Bien lo decían los viejos:
“La noche que no canten
Sólo escucharás los lamentos de su alma.”
III
Destierro
- Éste era un buen lugar para vivir…
Y acaricio los azares negros que cuelgan de tu espalda;
voy hacia tu frente para arriar mis famélicos ojos
que no quieren abandonar tus cejas siempre verdes.
- Nada que hacer…
Y me encamino hacia tu vientre,
vieja casa de vigas de encino,
de muros encalados y tejado alto.
- Nada…
Doy una palmada a uno de tus muslos
y salgo hacía el poniente,
seguido de los ladridos de mis celos
que se disputan erizados un pedazo de tu boca.
El cajón de los recuerdos gratos
La vítacora del Checo
lunes, 3 de enero de 2011
martes, 26 de octubre de 2010
Las palabras del deseo
Deja que te susurre
las frases más pedestres de los hombres,
las metáforas elementales de la carne,
frases claras que se usan lo mismo para el odio,
que no saben decirse solas de tan viejas
y necesitan de ojos fijos
y manos para acariciar lo que definen.
Palabras honestas y simples,
Como las putas pudorosas
Traídas de provincia
Que aún besan y agradecen.
las frases más pedestres de los hombres,
las metáforas elementales de la carne,
frases claras que se usan lo mismo para el odio,
que no saben decirse solas de tan viejas
y necesitan de ojos fijos
y manos para acariciar lo que definen.
Palabras honestas y simples,
Como las putas pudorosas
Traídas de provincia
Que aún besan y agradecen.
martes, 27 de julio de 2010
Confidencia
Ellos no saben que los gorriones de concreto,
Que caen muertos de frío,
Resucitan como mariposas negras,
Agoreras de la muerte de los hombres.
Que los perros viejos de azotea
Aún lamen la mano de sus dueños.
No creen en las varillas de la esperanza
de los barrios más humildes.
No se imaginan, no lo saben,
que es más fácil
Mantener una erección que tu mirada.
Que caen muertos de frío,
Resucitan como mariposas negras,
Agoreras de la muerte de los hombres.
Que los perros viejos de azotea
Aún lamen la mano de sus dueños.
No creen en las varillas de la esperanza
de los barrios más humildes.
No se imaginan, no lo saben,
que es más fácil
Mantener una erección que tu mirada.
lunes, 26 de julio de 2010
Destierro
- Éste era un buen lugar para vivir…
Y acarició los azares negros que cuelgan de tu espalda;
voy hacia tu frente para arriar mis famélicos ojos
Que no quieren abandonar tus cejas siempre verdes.
- Nada que hacer…
Y me encamino hacia tu vientre,
Vieja casa de vigas de encino,
De muros encalados y tejado alto.
- Nada…
Doy una palmada a uno de tus muslos
Y salgo hacía el poniente,
Seguido de los ladridos de mis celos
Que se disputan erizados un pedazo de tu boca.
Sergio Osorio
Y acarició los azares negros que cuelgan de tu espalda;
voy hacia tu frente para arriar mis famélicos ojos
Que no quieren abandonar tus cejas siempre verdes.
- Nada que hacer…
Y me encamino hacia tu vientre,
Vieja casa de vigas de encino,
De muros encalados y tejado alto.
- Nada…
Doy una palmada a uno de tus muslos
Y salgo hacía el poniente,
Seguido de los ladridos de mis celos
Que se disputan erizados un pedazo de tu boca.
Sergio Osorio
viernes, 14 de mayo de 2010
Posesión
Que tu saliva se amargue,
que tu sexo sea un pozo
donde habiten carpas ciegas.
Que seas la Circe que apaciente
cerdos que nunca fueron hombres
y los liberes castrados y tristes.
Que huyas en medio de la noche;
que tu cuello sea un muro de proclamas incumplidas,
que la muerte te hallé hermosa y sin amor
y que te invite al mar,
para que mueras en el mar.
Sergio Osorio
mayo de 2010
que tu sexo sea un pozo
donde habiten carpas ciegas.
Que seas la Circe que apaciente
cerdos que nunca fueron hombres
y los liberes castrados y tristes.
Que huyas en medio de la noche;
que tu cuello sea un muro de proclamas incumplidas,
que la muerte te hallé hermosa y sin amor
y que te invite al mar,
para que mueras en el mar.
Sergio Osorio
mayo de 2010
domingo, 28 de febrero de 2010
Despojos
Detrás de mí vienen otros hombres
Que anhelan tan sólo descansar
Al auspicio de tu sombra generosa;
Por eso amor
esta tarde mataré esos pájaros mansos
Que aún regresan a los dormideros de tu sexo
Y talaré el tronco de tu risa franca.
No habrá nada para nadie más,
Hallarán tan sólo desmonte y aridez:
Una piel ya sin pudor
Con largas cuaresmas
Donde canten cigarras doloridas.
Que anhelan tan sólo descansar
Al auspicio de tu sombra generosa;
Por eso amor
esta tarde mataré esos pájaros mansos
Que aún regresan a los dormideros de tu sexo
Y talaré el tronco de tu risa franca.
No habrá nada para nadie más,
Hallarán tan sólo desmonte y aridez:
Una piel ya sin pudor
Con largas cuaresmas
Donde canten cigarras doloridas.
Etiquetas:
poesía
martes, 18 de agosto de 2009
III. Presa
Nada hice para huir de tus ojos inusitadamente grandes,
de tus ojos morenos de animal de la montaña,
que caza de noche a los que osan salir a emborracharse.
No vi tus garras afiladas de arañar olvidos
porque ya estaba tendido y boca abajo
sin saber si es herida o caricia lo que arde.
de tus ojos morenos de animal de la montaña,
que caza de noche a los que osan salir a emborracharse.
No vi tus garras afiladas de arañar olvidos
porque ya estaba tendido y boca abajo
sin saber si es herida o caricia lo que arde.
miércoles, 1 de julio de 2009
Esbozos
II
Volveré a tu cuello, exhausto,
acosado por el sol de mediodía,
después de una jornada ignominiosa
donde dejé el orgullo y mi paciencia.
Anhelo tanto tu sombra de naranjo estéril,
tus frutos deslumbrantes pero tan amargos
con que los niños juegan a matarse.
Sé que está hacia el norte de tu espalda,
me guía mi lengua lazarillo que conoce todas tus veredas
(Yo mismo las dejé trazadas con las uñas).
julio de 2009
Volveré a tu cuello, exhausto,
acosado por el sol de mediodía,
después de una jornada ignominiosa
donde dejé el orgullo y mi paciencia.
Anhelo tanto tu sombra de naranjo estéril,
tus frutos deslumbrantes pero tan amargos
con que los niños juegan a matarse.
Sé que está hacia el norte de tu espalda,
me guía mi lengua lazarillo que conoce todas tus veredas
(Yo mismo las dejé trazadas con las uñas).
julio de 2009
lunes, 25 de mayo de 2009
II Consejos
Cuídate de aquellas que no ocultan sus heridas,
De las que lloran más de lo que sudan,
De las ojeras más negras que tus ansias.
Aléjate de los ojos insondables,
De las manos largas colmadas de ternura,
De los pies que buscan los tuyos en el frío.
Aléjate si atesoran ramos de flores secas,
Si arrullan su infancia amoratada,
Si visten de adolescencia anochecida.
Cuídate de las abstemias que deliran,
de las que siguen ahí cuando despiertas,
de las que dicen amor por piedad o cortesía.
julio de 2009
De las que lloran más de lo que sudan,
De las ojeras más negras que tus ansias.
Aléjate de los ojos insondables,
De las manos largas colmadas de ternura,
De los pies que buscan los tuyos en el frío.
Aléjate si atesoran ramos de flores secas,
Si arrullan su infancia amoratada,
Si visten de adolescencia anochecida.
Cuídate de las abstemias que deliran,
de las que siguen ahí cuando despiertas,
de las que dicen amor por piedad o cortesía.
julio de 2009
lunes, 18 de mayo de 2009
Poemas de la jauría
I
Buen Cazador
Si pudiera ser otro,
Si otra fueras tú:
Una presa para ser tomada por el cuello
No habría necesidad de estos halagos.
No tendría que convencerte dulcemente
Con tiernas palabras de abandono.
No tendría que valerme más que de colmillos,
Ni ver más que tu edad y tu tamaño
Y calcular mi fuerza y tu salud.
No me importaría tu orfandad,
Ni me detendría tu embriaguez.
Tu búsqueda insaciable de cariño
Sería como una herida en el ijar,
Como una pata rota,
Como la sed que traiciona en la rivera.
Si ese fuera el caso,
Me cebaría en tu tierna carne,
Aquella que se antoje a mi mirada.
Después, abandonaría tu cadáver
A la rapiña de otros desgraciados
Que puedan digerir entrañas y rencores.
Buen Cazador
Si pudiera ser otro,
Si otra fueras tú:
Una presa para ser tomada por el cuello
No habría necesidad de estos halagos.
No tendría que convencerte dulcemente
Con tiernas palabras de abandono.
No tendría que valerme más que de colmillos,
Ni ver más que tu edad y tu tamaño
Y calcular mi fuerza y tu salud.
No me importaría tu orfandad,
Ni me detendría tu embriaguez.
Tu búsqueda insaciable de cariño
Sería como una herida en el ijar,
Como una pata rota,
Como la sed que traiciona en la rivera.
Si ese fuera el caso,
Me cebaría en tu tierna carne,
Aquella que se antoje a mi mirada.
Después, abandonaría tu cadáver
A la rapiña de otros desgraciados
Que puedan digerir entrañas y rencores.
Jugando con el agua
Jugaré con tu cabello como jugaba de niño con el agua,
Haré una represa con mis manos,
Y he de sumergirme para remover arena,
Hasta enturbiar tu cuello con mis uñas.
Luego, dejaré que corra entre mis dedos
Y que se disperse
Sobre la piedra caliza y caliente de tu espalda.
Haré una represa con mis manos,
Y he de sumergirme para remover arena,
Hasta enturbiar tu cuello con mis uñas.
Luego, dejaré que corra entre mis dedos
Y que se disperse
Sobre la piedra caliza y caliente de tu espalda.
Respuesta y justificación
“No debes vivir en la Nostalgia…”
¿Y dónde más puedo habitar?
Si ahí tengo por aire
Un perfume que me enamoró de niño
Y que he puesto en el cuello de todas las mujeres;
Siempre es frío, es fresco.
Por las noches los azares
Cubren los muros de tezontle,
Como sabanas mortuorias,
Y entonces huele a muerte;
Pero no hay dolor,
Sólo suspiros que mueven los recuerdos,
Que alborotan un bosque de oyameles:
Gigantes que lloran en silencio, sin tocarse.
No es un paraíso,
Es un limbo donde habitan aquellos
Que no he aprendido a perdonar.
¿Qué haría yo sin la Nostalgia?
Iría sin tino por las calles
Que sólo tienen nombres
De héroes olvidados, de peces y de oficios;
Caminaría en una ciudad ajena,
sin rumbo y sin entrañas.
¿Y dónde más puedo habitar?
Si ahí tengo por aire
Un perfume que me enamoró de niño
Y que he puesto en el cuello de todas las mujeres;
Siempre es frío, es fresco.
Por las noches los azares
Cubren los muros de tezontle,
Como sabanas mortuorias,
Y entonces huele a muerte;
Pero no hay dolor,
Sólo suspiros que mueven los recuerdos,
Que alborotan un bosque de oyameles:
Gigantes que lloran en silencio, sin tocarse.
No es un paraíso,
Es un limbo donde habitan aquellos
Que no he aprendido a perdonar.
¿Qué haría yo sin la Nostalgia?
Iría sin tino por las calles
Que sólo tienen nombres
De héroes olvidados, de peces y de oficios;
Caminaría en una ciudad ajena,
sin rumbo y sin entrañas.
Avaricia
Porque ni siquiera nos es permitido sufrir por largo tiempo;
Ya lo ves,
Después de tu partida
Me acostumbre a tu ausencia.
Y ahora,
apenas poseo un manojo de recuerdos que atesoro,
Que recuento avaramente
Por las noches preocupado.
¿Esto es todo lo que tengo?
¿Frases cotidianas?
¿Trozos de paseos?
¿Un poco de nostalgia?
De seguir así...
Pronto yacerás en el olvido.
Ya lo ves,
Después de tu partida
Me acostumbre a tu ausencia.
Y ahora,
apenas poseo un manojo de recuerdos que atesoro,
Que recuento avaramente
Por las noches preocupado.
¿Esto es todo lo que tengo?
¿Frases cotidianas?
¿Trozos de paseos?
¿Un poco de nostalgia?
De seguir así...
Pronto yacerás en el olvido.
Invitación
Ven a compartir la soledad;
Trae tu dolor y trae tus ojos,
Los que llevabas aquel viernes.
Trae, también, tus manos,
Tu bolsa y tus tacones;
Trae tus años, tus veinticinco años.
Ven cuando ya no puedas más,
Cuando estés cansada ven.
Si llegas, si acaso,
Yo te recibiré con humildad
Y te diré,
como en los hogares pobres:
Siéntate aquí donde no hay rencor,
No te fijes en el desorden de mi vida,
Que no tuve tiempo de olvidar estos agravios.
Trae tu dolor y trae tus ojos,
Los que llevabas aquel viernes.
Trae, también, tus manos,
Tu bolsa y tus tacones;
Trae tus años, tus veinticinco años.
Ven cuando ya no puedas más,
Cuando estés cansada ven.
Si llegas, si acaso,
Yo te recibiré con humildad
Y te diré,
como en los hogares pobres:
Siéntate aquí donde no hay rencor,
No te fijes en el desorden de mi vida,
Que no tuve tiempo de olvidar estos agravios.
Estrategia
Aquí seguiré bajo el desprecio,
Recibiendo dócilmente su rencor,
Sin protestar,
porque así sé amar.
Llevaré la súplica del brazo,
Aceptaré que me tiene todo suyo,
Tan sólo por piedad,
porque así sé amar.
Seré quien llene los vacíos,
El que llegó a hacerle compañía,
A roer su soledad,
Porque así sé amar.
Hallaré la grieta añeja en su valor,
Y cuando sus penas sean mías
Tendré su voluntad,
Porque así sé odiar.
Recibiendo dócilmente su rencor,
Sin protestar,
porque así sé amar.
Llevaré la súplica del brazo,
Aceptaré que me tiene todo suyo,
Tan sólo por piedad,
porque así sé amar.
Seré quien llene los vacíos,
El que llegó a hacerle compañía,
A roer su soledad,
Porque así sé amar.
Hallaré la grieta añeja en su valor,
Y cuando sus penas sean mías
Tendré su voluntad,
Porque así sé odiar.
jueves, 30 de agosto de 2007
Desvelo
Y aún te espero entre velas y boleros;
ya la una treinta, octava madrugada,
tan lejos de ti en esta inmensa cama,
guardando el lado izquierdo a tu recuerdo.
Sobre este sepulcro blando en descanso
vivieron larga muerte dos amores,
y tú, como ellos, te fuiste entre sudores
para el cajón de los recuerdos gratos.
Ángulos típicos para morirse
y sitio, recurrente, inevitable,
en que duermo para soñarte, triste.
Así es de insoportable ésta, nuestra cama
que espera sin dormir a que regreses
la cuadrada ilusa cada madrugada.
1999
ya la una treinta, octava madrugada,
tan lejos de ti en esta inmensa cama,
guardando el lado izquierdo a tu recuerdo.
Sobre este sepulcro blando en descanso
vivieron larga muerte dos amores,
y tú, como ellos, te fuiste entre sudores
para el cajón de los recuerdos gratos.
Ángulos típicos para morirse
y sitio, recurrente, inevitable,
en que duermo para soñarte, triste.
Así es de insoportable ésta, nuestra cama
que espera sin dormir a que regreses
la cuadrada ilusa cada madrugada.
1999
Etiquetas:
De los primeros versos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)